jueves, 28 de julio de 2011

Encuentra las diferencias

Este post es de Luis Prado. Profesional del mundo del deporte, entrenador titulado, colaborador radios deportivas. Su web.


Mucho se viene hablando últimamente de la cantera barcelonista, últimamente más en concreto de un jugador que hace poco ha deslumbrado en el europeo sub-21 y que en Can Barça ya lleva tiempo dando que hablar.


Se trata de Thiago Alcántara, hijo de Mazinho y que desde enero es, de pleno derecho, jugador del primer equipo barcelonista.


Últimamente y desde los rumores de la llegada de Cesc al Barcelona se cuestiona el papel que tendrá Thiago si esto ocurre. Filtraciones de que se quiere ir si viene Fábregas, de que su sueño no es triunfar en el Barça, de que son incompatibles, etc., etc. ¿Pero realmente es así? ¿Son incompatibles Thiago y Cesc? Y si lo son, ¿quién debería estar y quién no?


Vaya por delante que creo que los jugadores buenos siempre tienen un sitio en los equipos y más si su intención es la de aportar y sumar al grupo. En contra de la presunta corriente que aboga por la no incorporación de Cesc debido a la eclosión del “fenómeno” Alcántara, soy de la opinión que Cesc no solo es necesario sino que, bajo mi punto de vista, es imprescindible.


El Barça gira en torno a una figura, la figura del 4. Ahora y desde hace años, esa figura es Xavi, jugador insustituible donde los haya pero que, lamentablemente, no va a durar para siempre. Frente a esto, el único jugador en el mundo capaz de llenar el vacío del de Terrasa es, para mí, Cesc Fábregas. Por concepto “Masía”, por dirección de juego, por técnica, por táctica y por ser capaz de asumir el rol de director de orquesta al más alto nivel, porque encajaría a la perfección en un vestuario que le conoce sobradamente y porque muy listo como para saber que el dueño absoluto del puesto es Xavi, que la temporada es lo suficientemente larga (6 competiciones de lo más exigente + Eurocopa) y él lo suficientemente joven como para ganarse su lugar por muchos años.



Además de todo esto, su fichaje eliminaría de cuajo muchas opciones de otros clubs, incluido el Real Madrid, rival directo del Barcelona en España y Europa. En el, quizás único talón de Aquiles del equipo blanco, el centro del campo, en donde Xabi Alonso no adopta exactamente esa misión de “creador” sino que está más enfrascado en destruir que en crear, ahí es donde Cesc aportaría equilibrio y sería una amenaza real para los intereses culés. Hay opciones varias, Borja Valero, Gourcuff (opción muy personal), etc., pero Cesc es, sencillamente, diferente. Si se ficha, se eliminaría la “opción Madrid” y se garantizaría que el modelo Barça perdura y durante muchos años más.


Analicemos al hispano – brasileño – italiano: Thiago puede jugar de 4 pero no es un 4 y no es un 4 por muchos motivos: es un finalizador, un jugador de último pase, un jugador con la magia y la explosividad perfectas para mostrarse allí donde se definen las jugadas, en los últimos metros; pero no es un metrónomo, no es un jugador que sepa medir los tiempos de cada partido, leerlos, ser paciente (empezar y volver a empezar) por no hablar de trabajar en la recuperación, de no perder el sitio o la posición, de no “dejarse ir” en los partidos. Parecería, dicho así, que Thiago es un jugador mediocre, nada más lejos de la realidad, pero es un jugador aun por hacer, con un talento infinito, pero aun por desarrollar. Por eso me sorprende esa intención de llegar y creerse con la capacidad de desbancar a los Messi, Pedro, Villa, etc. Creo que tiene que trabajar en la humildad más que en la recuperación de balones. No nos olvidemos que Giovanni iba a comerse el mundo, que Assulin era el próximo Messi y que tantos otros, se quedaron por el camino.


Demos tiempo a los buenos vinos para que reposen y no olvidemos lo que le “gustan” a Pep los jugadores de este perfil “yo y yo y después yo”, los Eto´o, los Ibrahimovic y cía.


Guardiola se ha ganado el margen de confianza, Thiago aún no. Pero todo se andará.


¿Seguimos buscando las diferencias?

PLAY STATION

lunes, 25 de julio de 2011

Ese extraño elemento llamado Robinho

 Por Alejandro Sancheski. (su blog) (su twitter)


"¿Sabes que Robinho es triatleta? Porque primero corre, luego bicicleta y luego nada"




Este chiste alcanzó gran popularidad aquel primer año de Robson en Madrid, su debut bajo la luna gaditana una noche de agosto dejó destellos del jugador que era y, a la misma vez, dejó una víctima por el camino: él mismo.

Tuvo partidos mucho mejores, mucho más competitivos, pero el regusto efectista de aquella noche, aquel fantasma, persiguió al brasileño durante años.

En un país acostumbrado al chascarrillo, Robinho pasó a ser conocido como El Pelé de Cádiz.

Llegó como el futbolista más prometedor de Brasil, se había proclamado campeón de la Liga Brasileña en 2002 y 2004 junto a su amigo Diego y desembarcaba en Europa con el reto de dar la razón a todas aquellas voces que hablaban de él como un futuro Balón de Oro.

Voces entre las que se encontraba la de Pelé, que lo situaba como su heredero futbolístico.

Y llegaba a un Real Madrid en construcción dirigido por Luxemburgo.

No fue una buena temporada para Robinho, los constantes cambios de posición y el fantasma de Cádiz hicieron que no llegará a alcanzar el nivel exhibido en el Santos.

Tras el despido de Luxemburgo llegó López Caro, que escoró al brasileño a banda derecha.

El resultado fue la reducción del fútbol de Robinho al desborde y centro.

Al año siguiente llegó Fabio Capello a la entidad blanca. No fue una tarea sencilla para Robinho, el italiano no confiaba en el talento defensivo del brasileño y no fue hasta la segunda vuelta cuando se asentó en la banda izquierda del Real Madrid.

Aunque contaba con demasiadas responsabilidades ofensivas y debía recorrer mucho terreno para encontrarse en el lugar del campo donde se sentía superior, hay que decir que ahí empezó a gestarse el gran Robinho de la temporada siguiente.

Había encontrado su sitio, que no era poco.




Ese Verano conquistaba la Copa América humillando a Argentina en la final, salía de Venezuela como máximo goleador y mejor jugador, Brasil ya era el equipo de Robinho y Kaká.

Y llegamos al principio de la temporada 2007. Bob Dylan recibía el premio Príncipe de Asturias, Alberto Contador conquistaba su primer Tour de Francia y el humorista Roberto Fontanarrosa nos dejaba.

Schuster llegaba al Real Madrid, y con él la mejor temporada de Robinho.

Sneijder partía del interior, desde donde iniciaba la jugada en conducción o dirigía el pase largo recibiendo en su perfil (aún más) bueno, el derecho.

Desde esa misma banda izquierda, y con la red de seguridad que proporcionaba tanto en ataque como en defensa el gran Diarra, Robinho hacía y deshacía a su antojo.

Mucho más liberado defensivamente, gestionaba todo el frente de ataque partiendo desde esa banda, ya fuera asociándose en corto, realizando el fuera-fuera o trazando la diagonal hacia el centro para buscar el disparo o el último pase.

Tras ese fabuloso primer año Robinho abandonaba la disciplina blanca.

El Real Madrid dejaba ir a su mejor futbolista y el brasileño decidía que no quería ser grande, una constante en su carrera deportiva.

Manchester fue el destino de Robinho, aunque su camiseta era de color azul y no roja.

En el City marcó 14 goles y realizó una gran temporada jugando por detrás del delantero, pero a mitad de la temporada siguiente se marchó cedido al Santos para poder jugar el Mundial de Sudáfrica.

El brasileño había desechado la posibilidad de entrar en el Olimpo del fútbol.

Su última parada es un Milan en horas bajas, donde ha sido crucial para la consecución del título de Liga.

Ya no es el mismo, seguramente dejó de serlo el día que cogió el avión camino a Manchester.

Querido e infravalorado a partes iguales, genio para algunos y bluf para otros, lo cierto es que aquel brasileño que vino del Santos fue un futbolista que condicionaba campeonatos.

Hoy día todavía es un elemento que decide partidos para su equipo.

Un extraño elemento llamado Robinho.

viernes, 22 de julio de 2011

Uruguayo!

Este post es una colaboración entre Trouro y Joaquiín Galvez de Kiosko deportivo. Nació tras visionar Trouro los 2 primeros partidos de Copa América de Uruguay y leer un artículo de Joaquín.



La actualidad blaugrana llega con el fichaje cerrado de Alexis y la operación de Bojan con la Roma, que ya no sé si llamarla fichaje, préstamo, depósito, cesión….

Si llega Cesc, Pep tendrá los dos cromos de medio campo en adelante que necesita para mejorar la plantilla. Tras la salida de Bojan, sólo habría un perfil no cubierto en un equipo que tendrá que volver a disputar los 6 torneos del fútbol por equipos. 


Guardiola debe estar maquinando qué hacer con ese perfil descubierto, que no es otro que el recambio de Villa, un hombre-gol. El entrenador de Santpedor tendrá dos opciones posibles. 


La primera es dar un giro al sistema de juego, y pasar a formar con 4 hombres en el centro del campo, en forma de rombo. En ese papel tanto Cesc como Thiago tendrían una perfecta posición en el vértice superior de dicho enjambre. A la vez Messi pasaría a formar como falso delantero (movilidad) en uno de los dos puestos de arriba, compartiendo perfil con Alexis Sánchez. Villa y Pedro quedarían para el otro puesto en el dúo de la delantera. Así el Barça tendría 4 jugadores para dos puestos, y Thiago más Cesc competirían por un puesto en el equipo sin romper la dinámica de Iniesta y Xavi. La selección ya juega habitualmente en partidos de máxima competitividad así. Sería un cambio leve de rumbo hacia adelante. Una manera de sorprender a Mourinho y al resto de equipos. No ser previsible. Guardiola cada temporada ha dado un suave movimiento en la parcela de ataque. Algo muy necesario si quieres seguir en la dinámica ganadora.


Aunque sigo sin descartar un Cesc por detrás del balón, no como mediapunta.


La otra opción es seguir con Messi de falso 10, manteniendo los dos hombres delante del argentino, fijos en banda, uno abre y otro pica. Villa, Pedro y Alexis, con la posible inclusión de Afellay por la derecha. Así quedarían 3 hombres, más el holandés. Aunque Villa seguiría sin tener un rival en la función de delantero centro, el banquillo estaría vacío en dicho rol.


Esta última sería la variante más posible. Guardiola perdería el hombre referencia en la próxima temporada de forma definitiva. No habría un 9 puro, todos “flotarían” en la zona de ataque, ya que el guaje desde su llegada a Barcelona, dejó de ser referente.


Con un mercado inflado y Zubizarreta aprentando al máximo el cinturón del equipo, presentamos la mejor opción para el Barcelona si Guardiola se decide a fichar a un goleador competitivo, que se bata en duelo con Villa por un puesto en ataque. Esto no es otro que Diego Forlán.


El Barcelona sigue unas claras directrices a la hora de planificar los fichajes de cada temporada. Los que vengan del exterior deben ofrecer rendimiento inmediato. Deben aunar calidad, experiencia, desparpajo y un perfil diferencial que no puede ser dado por el producto de la casa.


El gol se compra, no se hace. El equipo necesita un estilete que defina todo el juego creado por la metalurgia del Barça. Está Villa, se esperaba a Bojan. A falta del joven de Linyola, Guardiola con una temporada por delante en la que luchar por 6 torneos necesita de un rematador más. Este debe ser el uruguayo.





Diego Forlán. (Montevideo, Uruguay, 1979). Atlético de Madrid.


Su club no le quiere, la ficha es alta. Enrique Cerezo confirmó antes de la Copa América en prensa que por 6 o 7 millones de euros, lo venderían. Aquellos días eran tiempos de cólera en la relación del jugador con el club. Hoy todo se ha apaciguado. Forlán ante la falta de ofertas ha mencionado su deseo de seguir, aunque es un mensaje falso. Si no le llega alguna buena oferta se tendrá que quedar, pero a la que llegue que le ofrezca seguir competiendo al máximo nivel, la carne estará otra vez en el asador. 


El jugador ya se refirió a ello: “El club es el que está buscando mi salida. Ellos son los que no quieren que yo siga, y deberemos llegar a un acuerdo porque yo tengo dos años más de contrato y pienso cumplirlo si no llega a haber algo que realmente me interese”.


Los 6 o 7 millones cifrados por el presidente colchonero pueden caer en saco roto. Al Atlético le urge vender. Empezar un nuevo proyecto sin espinas clavadas. El Barcelona podría apretar teniendo el sí del jugador, al club del Manzanares. Bajar esa cantidad de fichaje, porque el problema no es el traspaso, sino el montante en el que queda la operación sumando dos años de salario, a las cifras que recibe el jugador hoy día en el Atleti.


Un factor importante por el cual podría jugar el Barcelona sería introducir la cesión o los derechos por algún canterano del deseo del Atlético. Afellay también podría ser opción. Siempre manteniendo a Thiago al margen de la operación. El hijo de Mazinho no debe salir de la dinámica blaugrana. 


El sueldo sería de crack, pero su calidad lo exige. Contrato por dos años. Una tercera opcional, si el transfer requiere coste para el Barcelona (esos 5 a 7 millones de euros). Si llega gratis, sólo firmar dos años. Amortizar sólo el salario. 


Su edad, 32 años, no tiene que ser un factor determinante. Es un profesional con un físico prodigioso, difícilmente comparable a la mayoría, ya no de personas, sino de futbolistas. Mucha experiencia, conoce la Liga al dedillo desde su llegada al Villareal. Sería una operación similar a la que en su día se hizo por Larsson o Henry. Fichar rendimiento inmediato. Comprar un jugador permeable al fútbol del Barcelona al 100%, que se acoplaría desde el primer día a la metodología de juego que viene practicando Guardiola. 


Si se puede definir a Forlán, se usarían tres conceptos: experiencia, competitividad y gol. Es un grande: dos trofeos pichichis, dos Bota de Oro, mejor jugador de la final Europe League con el Atlético, Balón de Oro del Mundial de Sudáfrica con Uruguay. Ante todo es un jugador competitivo. De los que llevarte a cualquier batalla sabiendo que no te van a fallar. La exigencia es máxima en el Barcelona, y ahí Diego Forlán es donde mejor se mueve.


Volviendo a la premisa de la edad, no debe ser un facto considerado. El coste en máximo por un traspaso iría a 6 millones de euros. De físico inmejorable parece que aún está en la veintena de años. Sólo ver sus acciones actuales en la Copa América. La pelea con Quique le ha dado mayor descanso en el tramo final de temporada.


“Todo el mundo tiene problemas, y el fútbol termina siendo el psicólogo más barato” Diego Forlán.


En el Barcelona ocuparía el rol de Villa. Lucharía con el asturiano por un puesto. Eso significaría tener la responsabilidad del gol, pero en una necesidad de minutos menor a la que le acostumbrabamos a ver en el Calderón. Menor minutaje, menor desgaste, mayor rendimiento del jugador a los 32 años. Y del guaje.


También podría ser el falso 9 cuando no juegue D10s, el “Forlán sudafricano”.


Su adaptación sería inmediata. Diego es competitividad. Crece ante la adversidad. Necesita estar al máximo de revoluciones, tener miras y cotas más altas. Su traspaso debió ser un año antes. En el Mundial. El jugador pedía saltar un escalón más de equipo, luchar por los máximos torneos Liga y Champions. El Barcelona se lo ofrecería. Su implicación en el equipo sería rápida, de vida para él.


Su experiencia e idioma ayudaría. Su actitud e inteligencia también. El uruguayo combina, genera juego lejos del área, pero aparece para marcar. Sería un relevo de calidad para cualquier puesto del ataque. Con Pedro y Alexis como extremos, Diego tendría tanto sitio como delantero por Villa, que supliendo en ocasiones a Messi. Ofrecería polivalencia arriba. Movilidad, asociación, combinación sin restar velocidad al equipo, balón parado y sobretodo gol. Su pegada con ambas piernas permitiría a Guardiola tener el rol que cumple Villa en ambas bandas. 


La historia de Forlán y Barça viene de largo. Era el preferido de Txiki Beguirístain para el rol de Giuly. Serviría tanto en la derecha como en la izquierda, incluso unos metros más atrás donde lo vemos en Uruguay. 


El factor trabajo y solidaridad están asegurados. Aportaría a balón parado, golpeo de media y larga distancia, la amenaza que supone como ambidiestro. Una amenza más para el rival. Domina los movimientos como delantero, algo que necesitaría para acoplarse al sistema. Sin ser un 9 puro. Acostumbrado a influir decisivamente en muchas zonas del campo en con y sin balón, en ataque y en defensa, sin verse mermado acierto cara a gol.


La parcela de ataque del Barcelona ya acusó cansancio y desgaste la pasada temporada. Llegó a los metros finales de la temporada justo de fuerzas. Simplemente Afellay marcó diferencias por su velocidad endiablada. Este año Guardiola se debe poner las pilas. Alexis es el primero en llegar, pero no debe ser el último. Se necesita comprar gol. Tener un hombre en el banquillo de las mismas garantías que el titular. Rotar sin perder calidad en la única función o perfil del equipo que se puede repetir, el del 9, el finalizador. A la espera de un año muy duro, Villa y Messi necesitan de refrescos.


Y el banquillo, alternativas.


Jugador competitivo de gran actitud, mucha calidad y gol. Además de una oportunidad de mercado, se ficharía un jugador con un enorme hambre de títulos.

lunes, 18 de julio de 2011

TROURO: "Lo leo seguro"

Lo que sigue es un extracto que Antonio Dopazo (Adrian Leverkühn) nos manda procedentes de su libro recién publicado junto a Francisco Ruiz Beltrán (Beltrán en futbolitis y otros blogs) y Miguel Canales (Roberto Baggio). El libro se titula Filosofía y manual de un entrenador de fútbol, y lo podéis encontrar en todo tipo de librerías (especialmente deportivas) publicado por la Editorial Wanceulen de Sevilla.

El prólogo corre a cargo del periodista deportivo Martí Perarnau.

FILOSOFÍA Y MANUAL DE UN ENTRENADOR DE FUTBOL



Adrian Leverkühn – Introducción:
Quienes hemos participado en la elaboración de este libro llevábamos ya bastante tiempo dejando ideas en los comentarios del blog Futbolitis. Algunos de nosotros incluso tuvimos que rechazar las amables propuestas de colaboración que nos hicieron nuestros amigos de la blogosfera para sus nuevos y prometedores proyectos. En mi caso esto no se produjo por falta de tiempo o interés, sino porque sentía que el mejor lugar para mí estaba en esos comentarios sueltos de Futbolitis, comentarios espontáneos pero meditados en los que se iba gestando una visión del fútbol que además era compartida de inmediato, en "tiempo real", con los demás lectores y comentaristas anónimos. En este caso, sin embargo, algo cambió. Desde el momento en que Francisco me mostró su propuesta supe que había llegado el momento de intentar algo más, de ver qué podíamos hacer con todo aquello. La idea de este libro estaba preparada con tanto cuidado y venía tan a tiempo que simplemente ya no se podía decir que no.


Este libro recoge las evoluciones singulares que algunos lectores de Futbolitis hemos tenido con el paso del tiempo, pero el origen está en ese feliz movimiento al que Marcos López se incorporó antes que nosotros, él a su vez movido pro ejemplos como el de Martí Perarnau, quien puso en relieve que otro periodismo era posible. Martí siempre tuvo la virtud de saber dirigir el vertiginoso torrente de actualidad a un remanso donde era posible seguir pensando en base a ciertos principios muy sólidos. No sólo no le restaba ningún brillo a lo nuevo, sino que además lo hacía digerible y permitía cierta perspectiva que a muchos nos permitió aprender algo acerca del fútbol. Más que en ningún otro blog, en el de Martí se hacía válido ese hermoso verso musical: the fundamental things apply as time goes by.


Por su parte, y desde un perfecto anonimato, recibido en noches de lectura intempestiva, Marcos fue dejando un reguero de análisis pre-partido obsesivos y casi proféticos que a mí en concreto me resultaron increíbles, pues no sólo suponían un soplo de aire fresco respecto a la prensa del sector que hacía compatible una afición a menudo inconfesable con el pensamiento, sino que además era una invitación a tomar el guante lanzado y atrevernos a poner por escrito que el fútbol es realmente algo ajeno al negocio y el opiáceo. Este libro es deudor de aquel trabajo apasionado y lleno de rigor que Martí, Marcos y su hermano Nicolás ofrecieron gratuitamente, y al que nosotros nos incorporamos como surfistas que toman una ola siempre ya empezada, quién sabe dónde o cuándo.


ÍNDICE:


Prólogo por Martí Perarnau


1ª Parte: Filosofía y Manual de un entrenador… ¡total!, por Francisco Ruiz Beltrán
1. ¿Todo vale?
2. Personas que forman un grupo de jugadores.
3. El sueño de un entrenador… ¡Mi sueño!
4. No se engañen, ¡lo importante es entrenar!
5. La vida del entrenador durante el ciclo semanal.
6. El entrenador total, la papeleta… posible.
7. Sobre las famosas rotaciones.
8. Los sistemas, ¿tan importantes?
9. La figura del director deportivo.
10. Confeccionar una plantilla… mucho más que elegir jugadores.
11. La importancia de la cantera en el equipo y en las plantillas.
12. El fútbol en manos de las televisiones, ¿y los profesionales?
13. Fútbol de base… mi visión.
14. A modo de resumen, ¿qué fútbol prefieres?


2ª Parte: El entrenador, ese incomprendido
* La psicología en el fútbol, por Miguel Canales
* José Mourinho: la gestación de una máquina ganadora, por Antonio Dopazo
* Cómo plantear un partido, por Francisco Ruiz Beltrán


3ª Parte: Artículos imprescindibles para los amantes del fútbol
* Del caos al modelo de juego: la máquina futbolística, por Antonio Dopazo
* Velocidades y lentitudes. Apuntes para una pequeña teoría del fútbol, por Antonio Dopazo
* El gran Milan de Arrigo Sacchi, por Miguel Canales
* Pensar el terreno de juego, por Antonio Dopazo
* Un equipo deportivamente grande, por Francisco Ruiz Beltrán
* El método del bombero (incluye análisis pre-partido clásicos de Miguel Canales y Marcos López)




EXTRACTO 1
La nube y el rayo. Lo diferencial en el fútbol de elite


Las mejoras en preparación táctica que ha experimentado el fútbol moderno tienden a llevar los partidos de alto nivel a un punto de partida en el que resulta difícil que ocurra algo significativo. Los ataques se realizan asegurando la recuperación del balón una vez se produzca la pérdida, haciendo así imposible el contraataque rival, y las defensas anticipan los movimientos cortando líneas de pase sin necesidad de hacer falta o marcar al hombre. Esta óptima ocupación de espacios da lugar a un orden estricto pero casi luctuoso; hemos visto este modelo en muchas grandes ocasiones: Barcelona-Chelsea, Inter-Man United, Chelsea-Liverpool, Man United-Chelsea o más recientemente el doble enfrentamiento entre Barcelona y Rubin Kazan. Las metáforas usuales son diversas, aunque todas aluden de un modo u otro a la ausencia de fluidez en las acciones: telaraña, alambrada, cenagal. Nosotros preferimos ver en este planteamiento la figura de una nube oscura de la que ocasionalmente, aquí o allá, pero en todo caso de forma difícilmente predecible, surgirá el rayo para precipitar la tormenta. Lo que define al fútbol moderno nos parece de este modo la creación de un modelo de control de todas las variables que, no obstante, alberga un crucial y privilegiado espacio para lo imprevisto.


La pregunta más difícil de responder es cuándo y por dónde se romperá la nube. Esto puede pasar muy pronto o no pasar en absoluto, pero siempre hay que tener presente que allí donde hay una parálisis causada por un exceso de orden puede emerger un rayo que precipite la tempestad. Este momento no tiene por qué revestir la forma de un gran acontecimiento, como el gol de Maradona a Inglaterra (hay pocos goles como ese pero muchos partidos similares). A menudo se iniciará mediante una acción pequeña, casi imperceptible: un rechace favorable, un jugador de gran zancada que emerge a trompicones desde la retaguardia (Abou Diaby, Touré Yayá), un balón suelto que alguien engatilla con primor (goles de Scholes y Essien al Barcelona en semifinales de Champions)… En fútbol, lo diferencial es precisamente esa desviación mínima o infinitamente pequeña que da lugar a unos efectos muy grandes (gol, expulsión, penalti, etc.) y rompe así la cadena de causas predecibles que llevan al inamovible cero a cero.




Del caos al orden


Lo cierto, sin embargo, es que hemos empezado por el final. Los partidos que forman una nube compacta sólo ocurren al más alto nivel; lo habitual es que el orden no cuaje de forma tan equilibrada y que uno de los dos equipos, e incluso ambos a la vez, rompan a su rival en una sucesión de ocasiones de gol. La pregunta con la que como entrenadores debemos comenzar no es cómo ganaremos los partidos de elite o qué romperá el equilibrio de una final, sino ante todo cómo construiremos a partir de la nada un equipo que nos permita estar presentes en esas grandes ocasiones.


La figura de la nube a la que antes hacíamos mención es un choque producido por exceso de orden, orden que previamente hemos tenido que producir y codificar. La nube es la figura de la abundancia de la que parte el fútbol de elite; cuando nos la encontremos, nos favorezca o no, sabremos que ya somos un equipo. Para llegar a ella, sin embargo, antes hay que llevar a cabo todo el trabajo de producción de ese orden, con todo lo que ello implica. Se trata ni más ni menos que de generar un modelo de juego y encarnarlo mediante once jugadores distintos.


Descendamos ahora a las profundidades del fútbol, manchémonos las manos de caos. Lo que vemos en el principio, antes de que surja cualquier equipo, es algo similar a lo que muchas veces ocurre en los patios masificados de los colegios cuando los niños son demasiado pequeños: una multitud desordenada de jugadores que patea el balón de acá para allá conforme le viene; una especie de pinball futbolístico donde parece imposible poder construir nada, donde todo el movimiento se derrama como por una gigantesca catarata. “No sé cómo disfrutan pegándole patadas a un balón”; “el fútbol es un sinsentido para gente sin cerebro”… todas estas frases hacen referencia a ese momento previo a la génesis cuya figura es un caos donde el movimiento se transmite a toda velocidad por inercia y choque. Este caos no tiene memoria; en él resulta imposible poder repetir nada porque siempre dependemos de que el balón llegue a nosotros y lo máximo que se puede hacer con él es patearlo conforme nos llega antes de que alguien nos triture una pierna. Gritamos para pedirla porque no hay nada construido de antemano; confiamos en ser los más fuertes pero siempre surge alguien más poderoso; en cualquier caso el fútbol se mueve aquí en un ámbito previo al del deporte de equipo: imposible bañarse dos veces en este río salvaje que cae por el plano inclinado.


Para empezar a construir algo, antes hay que ejercer un cuidado sobre ese movimiento que se derrocha y derrama a velocidad infinita: hay que albergarlo, retardarlo, contenerlo. Hacer un equipo es formar un torbellino estable en la vertiginosa bajada del caudal. Incluso los buenos jugadores de futbolín saben cuándo retener la pelota e imponer el ritmo de la partida. Está claro que el balón puede fluir a toda velocidad, pero ningún equipo surge sin antes ejercer un dominio sobre el ritmo. “¿Qué tipo de retardo impones al balón?” es la pregunta que delata a todo modelo de juego.


El caos no tiene memoria; se desarrolla sin más, y siempre acaba por envolverlo todo (¿cuántos partidos hemos visto retornar a este modelo del pelotazo hacia arriba?). Sin embargo, del propio caos emerge la posibilidad de construir algo temporalmente: aquí o allá se forman torbellinos estables a partir de una mínima desviación; de pronto el balón se pone a circular ordenadamente; de pronto entre dos jugadores surge una amistad de campo, una complicidad que se manifiesta en la repetición de las jugadas con las que ambos superan a sus adversarios y van generando un código propio. Esto ocurre ya en el patio del colegio y lo vemos continuamente en el fútbol de elite: Alves-Kanouté, Xavi-Fernando Torres, Iniesta-Messi, paredes rápidas, aperturas a banda sin mirar, balones largos al desmarque, diagonales, jugadas que residen en la memoria dinámica de los jugadores como circunstancias repetibles, como pequeñas islas de orden en un océano de caos: los famosos automatismos, que nosotros hemos preferido llamar torbellinos poniendo el énfasis en su surgimiento azarosamente localizado. Un rondo es la forma más básica de un torbellino, y constituye un ejercicio de purificación que recuerda al futbolista que hasta cierto punto él es dueño del ritmo, libre para
generar código junto a sus compañeros, y algo todavía más importante: que en la interrupción de ese caudal caótico no hay porqué renunciar a la velocidad. Recordemos el modelo de la peonza, que se mantiene más estable cuanto más rápidamente gira sobre su eje: su estabilidad se dice de su velocidad, confirmando que no por interrumpir ese libre flujo de caos donde el balón va de acá para allá hemos de renunciar a ser rápidos, incluso sin movernos. “Que acelere el balón, no los jugadores…”

CHAT

Voy a intentar otra vez lo del chat para el blog. Javi J me lo ha comentado y creo que ahora puede ser buen momento. Enviadme o escribid en los comentarios vuestro email para que os invite. creo que va así. Solamente con cuentas registradas. Y si conocéis mejores chats, comentadme también, gracias.

jueves, 14 de julio de 2011

Kiko Femenía

El Post de hoy nos lo trae Lorenzo Poquis Huertas, un veterano seguidor del Hércules que en la temporada 2010/11 escribió las crónicas del Hércules C.F. para MASLIGA.COM. Donde un servidor debta este año.



“No os preocupéis”, nos decía un buen conocerdor de la cantera herculana en el verano de 2009, después del traspaso de un prometedor extremo -Raúl Ruiz Matarín-, al Real Madrid Castilla. “Si este chico ha mostrado maneras, aún hay uno aún mejor en el filial y parece que este año ya lo suben al primer equipo. Kiko se llama”.


Y así fue. Francisco (Kiko) Femenía Far (Sanet y Negrals –Alicante-, 2/2/1991), firmó pocos días después su primer contrato profesional con el Hércules C.F y se puso a las órdenes del recién llegado ‘Boquerón’ Esteban para iniciar la pretemporada del que sería el año del retorno blanquiazul a la primera división.


Kiko despuntó en equipos de su comarca, la Marina Alta, y recaló en el fútbol base del C.D. Denia con 11 años. Un par de años después un ojeador del fútbol base herculano vio en él un potencial enorme como futbolista y consiguió traerlo a las categorías inferiores del Hércules. Aunque en la cantera jugó esencialmente de lateral diestro (de hecho debutó en esa posición en un partido contra el Cádiz a finales de la temporada 07/08, y por el que ya empezó a oirse su nombre al denunciar el Cádiz una presunta alineación indebida del juvenil que no cuajó ante los diferentes Comités) la progresión del jugador y su velocidad terminaron por convencer a los técnicos de su reubicación como extremo.


Esteban Vigo vio la perla que tenía en sus manos y le dio minutos en la temporada 09/10, en la que jugó 35 partidos anotando 3 goles, todos de bella factura por cierto, si bien en la gran mayoría de los partidos solía saltar al campo para sustituir al veterano Rufete a partir del minuto 60 más o menos y así explotar al máximo sus virtudes en la última media hora de partido.


Una vez consumado el ascenso a primera división, Kiko debutó en la jornada 1 contra el Athletic de Bilbao. Aún recordamos el reportaje que hizo Canal+ sobre una pequeña crisis de ansiedad que sufrió al poco de saltar al terreno de juego al ver que no le salían las cosas y que nos tenía a los aficionados en la grada perplejos ante semejante sucesión de errores impropios de él. Gracias especialmente a Rufete, que le animó, le aconsejó y que pidió a Esteban que no lo sustituyera, el chaval pudo rehacerse y acabar el encuentro de forma digna. A partir de ahí, alternando -cierto es-, buenos partidos con otros más grises, comenzó a ser asiduo en el once titular y marcó su primer gol en primera división al Málaga, en una gran jugada personal marca de la casa que resume a la perfección las cualidades del nuevo fichaje blaugrana. Durante la temporada, de todas formas, siguió mostrándose a menudo presionado cuando jugaba de local, cuajando -paradójicamente- sus mejores partidos como visitante, pero también es cierto que el chico aún tiene 20 años y mucho por aprender. Y aún así, ya ha sido internacional sub-18, sub-19, fue convocado (aunque no llegó a jugar) una vez en la sub-21 y ha sido convocado para jugar el mundial sub-20 que empezará en unas semanas en Colombia.


El descenso del Hércules, el buen cartel de Kiko y la precaria situación económica blanquiazul parecían poner al jugador en el mercado y, efectivamente, así fue. Andoni Zubizarreta hizo saber al Hércules el interés barcelonista por el jugador y, pese a tener una cláusula de 10 millones, las negociaciones terminaron cerrándose con un traspaso por 2 fijos + 1’5 variables en función de los logros que consiga el jugador en el futuro.


Kiko destaca por su velocidad, aunque no está exento de calidad. Con gran margen de mejora aún por su juventud, cierto es que baja los balones largos con destreza, es hábil para encarar e irse de los defensas rivales con espacios de por medio y tiene un centro al área bastante bueno. En su debe podemos decir que es un poco intermitente y hay partidos en los que si las cosas no le salen bien al principio se bloquea y pasa desapercibido. Además, en el uno contra uno con el rival muy encima le cuesta irse de su par.





Pero su juventud y, sobre todo, sus ganas de seguir aprendiendo y mejorando día a día, que las tiene, unido a que su primer año en Barcelona parece que lo jugará básicamente en el filial, le harán más pronto que tarde ser merecedor de que Pep Guardiola le dé la oportunidad de debutar con el F.C. Barcelona.


Un último apunte, por cierto. El chico no mintió, como otros, en su presentación como azulgrana. Dijo que estaba encantado de ir al equipo de Messi, su ídolo, pero al menos no se le oyó decir la consabida frasecita tipo “soy del Barça desde pequeñito”. Y es que Kiko siempre ha sido un confeso seguidor madridista, pero seguro que este “pecadillo” se le olvidará con el tiempo. Además, no sería el primero en llegar así a Can Barça. Ilustres como Miguel Angel Nadal o Alfonso, entre otros, le precedieron.


Ansiosos estamos los seguidores herculanos de poder volver a Kiko en el Rico Pérez jugando en liga con el primer equipo del F.C. Barcelona. Ojalá no tardemos mucho en verlo.

Lorenzo Poquis Huertas

jueves, 7 de julio de 2011

THIAGO IS NOT MADE IN BARCELONA

El artículo es de José Ramón. Ya le conocéis de por aquí. Mucha calidad. Mucha.



Los jugadores acunados al amparo de la Masía, independientemente de su nivel y el grado obtenido en la escala de la genialidad, responden casi en su totalidad a las obligaciones impuestas por un diseño trabajado, no perfecto -al fin y al cabo, las canteras nacionales se nutren de esas generaciones de futbolistas imberbes que las atraviesan cada cierto tiempo-, pero sí brillante. 

En la pedrera azulgrana se priorizan conceptos -tales como la triangulación y la resolución de problemas desde el pase, el juego de posición, el fútbol sin balón definitorio o el favor a la circulación de balón en el medio- que aúnan facilidades en el infante, suponen ciertas restricciones en el contrario y permiten dar comienzo al proyecto mientras que el vestuario comulga con una manera de sentir el juego. A partir de ahí, como no podía ser de otra manera, nacen perfiles comunes que amplían los conceptos y dan sentido a una filosofía. 

El objeto de este texto y, particularmente, el futbolista que nos ocupa, invita a detenernos en dichos roles, correspondientes a la parcela interior: en el centro del campo de Can Barça conviven, principalmente, dos jugadores "tipo". El futbolista de posesión, bañado por la esencia del "4" y comandante de la dirección del balón; y el mediapunta escondido en un cuerpo de interior, líder al encuentro de la profundidad. 

El primer problema que se le presenta a Thiago Alcántara a bordo de la nave barcelonista, entonces, es que la hinchada reconoce en él a ambos, y su madurez se sobredimensiona. Por lo tanto, la amenaza más poderosa contra la culminación de su desarrollo espera tras la consideración del chico ante las opiniones de una prensa ultra-proteccionista. Porque lagunas futbolísticas se le conocen pocas. Sólo valles de madurez en el juego y de identificación con su club, lo que a día de hoy, es decir mucho.


Para empezar, fijemos el nacimiento de Thiago en un punto sensiblemente más cercano al país de su padre, Brasil, que al de su erupción, España. A nivel estético, el análisis determina que los gestos del muchacho emulan a la gambeta tradicional de la pentacampeona, desde su recepción hasta el complejo regate del que se vale para atravesar líneas. Un futbolista de samba antes que de flamenco. Y extrapolando al juego su gusto por la tierra del carnaval, resulta que disiente del Barça -holandés- debido a un mero conflicto cultural. 


Ni el juego de posición, ni la ausencia de riesgos en el amasado de la posesión, ni siquiera la premisa de que el beneficio determinante debe ir a cargo de un enganche por encima de un interior. Son elementos constructivos sobre la ideología de un grupo que Thiago no comparte. Pero, ¿hasta qué punto se debe desnaturalizar su juego en favor de la idea colectiva? La lógica más primaria nos advierte: el fútbol es de los jugadores. Y contradecir al futbolista más talentoso suele ser un error. Lo que sí es cierto es que, hasta ahora, Guardiola, el señor de la utilidad, no le planteó trabas tácticas. Aunque se debe definir el caso: encajar a Thiago en el modelo -y replantear su crecimiento desde ahí- o suministrarle las ayudas necesarias para paliar el riesgo en transición defensiva y aceptar una nota de color alternativa en la rotación posicional.

Centrándonos ya -dejando atrás la relación del centrocampista con el FC. Barcelona y la esencia de su expresión- en lo que verdaderamente supone sobre un terreno de juego, digamos que a primera vista Thiago puede parecer un mediapunta. Por supuesto, no un "10" clásico -Ganso, Riquelme-, sino el delantero de la nueva era que arranca retrasado para conectar con la pelota posteriormente y en un ejercicio mucho más cercano a la definición que a la asociación -Özil-. Y ésto es así porque a Alcántara no le pesa vivir en tres cuartos de campo, sus características físicas y técnicas le permiten enfrentarse a marcajes pesados y limitarse durante los 90 minutos a superar líneas y atender al último pase. 

Sin embargo, el brasileño sí que necesita rozar el balón continuamente para protagonizar la circulación, por lo que lo más correcto, entonces, sería encuadrarlo en la posición de interior -que no volante-, aunque su influencia en la jugada alcanza un territorio tremendo -en cuanto a extensión-. Su condición de excelso pasador -y creador experto de líneas de envío- le permite alzarse como eje de la posesión, pero su función no es la de Xavi, más defensiva -la altura de la pérdida del de Tarrasa favorece la transición defensiva-, sino que lo que Thiago busca desde el comienzo es darle a la jugada un sentido mucho más profundo. Quizá por ello asume una exposición excesiva de la pelota -regatea, intenta cambiar de ritmo- al recibir del central y gestar la salida, porque es un jugador más agresivo. Detalle este último para nada inaceptable, no teniendo en cuenta el "factor Barça" antes citado, claro. El mismo Jack Wilshere, mucho mejor futbolista a día de hoy, fundamenta una parte de su juego en el riesgo. 

Lo cierto, en cualquier caso, es que ese estigma agresivo comentado le impide "esperar" a que desde arriba se cree un beneficio, es decir, Thiago resulta ser quien busca la ventaja cuando la red de pases se aletarga en demasía y "Messi" -futbolista más importante en el sistema culé y el encargado de dar comienzo al buen juego desde el abandono del área- aún no descendió del punto de penalti. La manera que tiene para abrir una brecha en la monotonía es, o bien resolver con un envío al espacio, o la más segura, crear una línea de pase en zona de mediapuntas que, al ser habilitada, produzca la profundidad. Si el balón va y viene, se mueve rápido, se limita a ascender junto al cuero y marcar la diferencia cuando recibe. De sus cualidades técnicas no es preciso hablar: tras Lionel -o a lo mejor ya le superó-, el hijo de Mazinho dispone del arsenal más amplio de regates, pases, disparos y virguerías de entre toda la plantilla barcelonista. Es un jugador de fútbol impresionante.

Su futuro inmediato, según parece, será verse obligado a sobrevivir en un equipo que contará con los tres mejores interiores del mundo: Xavier Hernández, Andrés Iniesta y Francesc Fábregas. ¿Compatibilidad? Total con cada uno de ellos. No existe el debate sin tenerlo en cuenta. Pero hasta que madure y, futbolísticamente, se haga un hombre, la justicia siempre estará a favor de la titularidad del trío de cracks antes que de la suya propia. Y cuando la formación de Thiago sea plena, el entrenador de turno habrá de respetar una norma ineludible: adaptarlo al equipo, pese a su corte brasileño siendo centrocampista del Barça. Es demasiado increíble como para rechazarlo.

martes, 5 de julio de 2011

Xavi explica que es "el tercer hombre"


En "Senda de campeones" de Martí Perarnau encontramos este texto. Recomiendo encarecidamente a cualquier culé que lo lea. Ha salido de mí colgar esto aquí. La única razón, lo considero interesante. Os dejo con la conversación de Xavi y Martí: